Autoridades de la UDP e IPP expusieron en BIESTRA 2017 sobre la realidad del empleo juvenil

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Entre otros puntos que preocupan a los especialistas del área está el fenómeno de los recién egresados que no logran encontrar empleo en su campo de estudio. 

La vicerrectora de pregrado de la UDP, Danae de los Ríos y la directora del Instituto de Políticas Públicas (IPP), Kirsten Sehnbruch  fueron una de las participantes de la IV versión del Encuentro Bienal de Educación Superior y Mundo del Trabajo (BIESTRA 2017) que se llevó a cabo en octubre y que fue organizada por la Universidad de Chile en conjunto a la Organización de Cooperación y Consultoría en Educación Superior (OCIDES).

En el encuentro académico, que congregó a más de doscientas personas y duró dos días, se discutió sobre el rol de la enseñanza superior en la realidad laboral actual y otros aspectos de esa relación como la empleabilidad de graduados, desarrollo de carrera y pertinencia curricular entre otros.

Para la directora del IPP, Kirsten Sehnbruch los vínculos entre la educación superior y el mercado laboral chileno estarían subdesarrollados y llamó a las universidades a invertir más en el desarrollo de vínculos con potenciales empleadores.

Respecto la situación laboral que encuentran los jóvenes al iniciar su vida laboral, la directora del IPP responsabilizó al empresariado: “Las empresas no se hacen cargo de los jóvenes. No tienen programas concretos y de largo plazo de capacitación para generar el conocimiento necesario para desarrollarse. Las relaciones laborales en Chile no se piensan en una perspectiva de largo plazo”.

Los nuevos desafíos

Al cierre del encuentro, Danae de los Ríos reconoció la responsabilidad que tienen las instituciones de educación superior y que éstas deben asumir los desafíos que el mercado laboral exige, como por ejemplo el seguimiento de la trayectoria laboral de los ex alumnos y el levantamiento de datos más allá los cinco años de egreso.

Así mismo, de los Ríos admitió la importancia de elaborar mallas curriculares que puedan dar capacidades intangibles que permitan diferenciarse en un ambiente laboral cada vez más automatizado. “Es poco lo que las universidades saben respecto de cómo se desarrollan o potencian disposiciones más intangibles como pueden ser la empatía, adaptación, la función ejecutiva, resiliencia, o la capacidad para aprender y tendemos a eludir la responsabilidad que podríamos tener en ese campo. El currículo debe hacerse esas preguntas”, sostiene.

Por lo mismo, de los Ríos llamó a las universidades a ampliar los criterios de selección de sus académicos de manera que no solo se transfieran los conocimientos canónicos sino que también los atributos intangibles.

 

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