Sobre la trampa de la economía argentina – Nicolás Garrido

La economía argentina tiene un problema sistémico que se transformó a través de los años en una trampa de la cual hace casi un siglo no puede escapar.

Los elementos de la economía que constituyen la trampa son cuatro: (i) mucha incertidumbre, que concentra la producción en bienes de escaso valor agregado y genera escaso empleo privado, (ii) una sucesión de gobiernos con escasa efectividad económica, (iii) una moneda local que la población no demanda y (iv) una transmisión casi automática a inflación de variaciones en el tipo de cambio de la moneda de referencia internacional, el dólar. Desarrollaré con más detalle estos cuatro componentes y los mecanismos a través de los que se auto sostienen.

En primer lugar, es muy difícil en Argentina construir proyectos privados de largo plazo. La incertidumbre sobre lo que ocurrirá en los próximos cinco años es enorme. La incontrolable inflación es una medida de esta incertidumbre. La existencia de crédito para las empresas o para cualquier proyecto privado de largo plazo es muy difícil. La política industrial es errática y varía sustancialmente con cada nuevo gobierno. El mercado de trabajo esta lleno de fricciones que hace difícil la gestión de las organizaciones privadas en el corto plazo.

Existen dos consecuencias fundamentales de este marco de incertidumbre. Por un lado, no es posible desarrollar una amplia oferta exportadora por lo que el único ingreso de dólares a la economía proviene del sector donde existen mayores ventajas comparativas, es decir el sector primario, que varía entre la producción de soja y trigo, pero que depende mucho de factores no controlados por los argentinos. Por otro lado, la consecuencia de esta incertidumbre es que es muy difícil generar puestos de trabajo en el mundo privado.

En segundo lugar, dado los pocos puestos de trabajo que genera el sector privado, el gobierno se ha transformado en un gran demandante de mano de obra, tratando de reducir con múltiples mecanismos las diferencias entre los escasos ingresos que genera el mundo privado y el creciente costo de la vida. Esto naturalmente da lugar a un gran y costoso gobierno, que necesita financiarse con impuestos o deuda. Así, los gobiernos no son efectivos, ya que todo el tiempo necesitan atender la agenda urgente de los problemas sociales generados como consecuencia de una economía privada incapaz de generar buenos puestos de trabajo para la mayoría de la población.

En tercer lugar, a través de los años se ha instalado en la sociedad argentina una profunda desconfianza en la moneda local, que ha generado una persistente demanda de dólares en la economía. La oferta de dólares es siempre escasa para esta demanda. Hay que recordar que la única fuente de ingreso de dólares en la economía es la exportación que realiza el sector de bienes primarios. Así, la fuerte demanda de dólares con una pobre oferta de moneda internacional genera una tensión para subir el tipo de cambio.

En cuarto lugar, los empresarios argentinos traducen rápidamente a los precios locales cualquier variación en el tipo de cambio, haciendo que la tensión inflacionaria sea siempre creciente. La inflación trae un malestar social permanente, generando mucha incertidumbre entre todos los agentes de la economía. Esta incertidumbre finalmente nos lleva al primer punto, y a reforzar la dinámica perversa donde se encuentra atrapada la economía.

Creer que ateniendo a uno solo de los problemas descritos es suficiente para salir de la trampa que la interacción de los cuatro construye es ingenuo. Pero, por otro lado, resolver los cuatro problemas en conjunto requiere un proyecto de largo plazo, que en Argentina parece no existir para la política pública. Esto es la esencia de la trampa.

La solución requiere una fuerte visión de Estado. Es necesario un gobierno que genere acuerdos para construir un proyecto de consenso independiente del gobierno de turno. Revertir los comportamientos perversos que fueron construidos como estrategias de supervivencia de los agentes económicos durante años necesitará seguramente de muchos años de construcción de confianzas. Ojalá el sistema político argentino esté a la altura del desafío.

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